Economía Nacionales

Tres pasos para que la inflación no nos paralice

No es novedad que la dinámica de alta inflación en la economía argentina suele generar incertidumbre, las permanentes sorpresas que provoca la escalada del costo de vida y el condicionamiento de tener que estar siempre ajustando nuestros ingresos a los cambios en los precios de los productos y servicios que consumimos. Sin embargo, ese orden financiero tampoco es una misión imposible de lograr, aún en ese marco de simbronazos.

Contrariamente a lo que se pueda pensar, la inflación no desincentiva por completo la capacidad de un individuo de realizar inversiones, sino que, en ciertos casos, impulsa decisiones que acaban siendo más beneficiosas dentro de un esquema bien planificado. Para comenzar a defendernos del “peloteo” inflacionario, conviene tener en cuenta tres pasos básicos que no nos van a solucionar la vida por completo, pero que nos ayudarán a afirmarnos en una idea y un camino a transitar.

No quitarle la vista de encima a nuestro presupuesto. Esta herramienta primigenia de toda planificación financiera necesita de nuestra constancia. Sin volvernos obsesivos, en un escenario de alta inflación es necesario que esa atención en nuestra “tablita” mantenga su regularidad y que no decaiga, porque el presupuesto es para nuestras finanzas como convivir con un médico en casa, que, ante cualquier síntoma o malestar, nos podrá dar con mayor certeza y rapidez un diagnóstico. El presupuesto bien controlado habla por sí solo y nos muestra todas las banderas rojas y verdes de nuestros números.

Gestionar los préstamos y las deudas. Los pasivos son parte del tablero de las finanzas, por lo tanto, hay que asumir su presencia sin miedo, aunque con sumo respeto por el rol que cumplen y evitando que queden fuera de control. Dos de los más comunes en el espectro financiero de las personas son los préstamos y las deudas, y estar limpios de ambos elementos en este contexto abrumador sería un enorme capital.

Según el Informe de Inclusión Financiera (IIF) que elabora semestralmente el Banco Central y cuya última publicación fue el mes pasado, el porcentaje de la población adulta con financiamiento en el sistema nacional registró un aumento de casi un punto porcentual con relación a diciembre de 2022 y alcanzó una participación de 55,4% a junio de 2023. De esta forma, poco más de 19 millones de argentinos permanecen bajo algún tipo de financiamiento y cargan con una o más deudas, aunque el reporte de la entidad indica que los saldos negativos son menores.

Los financiamientos más comunes son las tarjetas de crédito y los préstamos personales. En ambos casos, es importante conocer la tasa de interés vigente. En el caso de los plásticos, el costo de realizar sólo el pago mínimo y reprogramar el resto puede desatar una pesadilla de la cual sea muy difícil despertarse, sobre todo si esos consumos son muy altos. En casos opuestos, la tarjeta es recomendable toda vez que se tenga la certeza de que se va a poder cubrir ese financiamiento, dado que el acceso al crédito es efectivamente algo ventajoso. En referencia a los préstamos, mucho tiene que ver la entidad que los otorgue y bajo qué condiciones (no es lo mismo el costo en una financiera que en créditos subsidiados por el Estado, por contrastar apenas algunos ejemplos), pero siempre es mejor no tener que recurrir a ellos.

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Hielo en el colchón. La calidez y sensación de seguridad que nos brinda el hogar actúan en muchas personas de manera influyente a la hora de darle un destino a un monto de dinero en monedas duras. Aunque ese resguardo no genere una rentabilidad, muchos eligen mantenerlo en su casa porque les da tranquilidad. En rigor, casi nadie lo hace efectivamente debajo del colchón, y la figura remite más que nada a una costumbre muy antigua. De todos modos, ya sea en un placard, en una caja, detrás del inodoro o debajo de una cerámica, las personas que atesoran en sus hogares tienen un marcado perfil conservador y, por algún motivo, prefieren gozar de una pretendida tranquilidad antes que poner los huevos en diferentes canastas y darles una vida un poco más aventurera a sus ahorros. Detrás de ese abrigo, por el contrario, también hay riesgos, aunque no suelen quitarnos tanto el sueño: robos, incendios, humedad, deterioro u olvido. Es por eso por lo que ningún asesor financiero que se precie de serlo jamás recomendaría esta estrategia. Aunque hay que recordar que, entre el estado glacial del “Colchon Bank” y el despilfarro del Lobo de Wall Street, hay un gran abanico de posibilidades que, incluso sin quebrar ese perfil inversor conservador, pueden ser contempladas.